De Santa Marta a Cartagena hay solo doscientos y algo de kilómetros. Parecieron más de quinientos. Se hizo insoportable. Estaba muy cansado de las caminatas en Tayrona y realmente lo único que quería era llegar y dormir. Llegamos en casi cinco horas y apenas salimos de la terminal nos tomamos una buseta rumbo a la ciudad amurallada que fue construída especialmente para frenar los ataques de los piratas. Al hostel que queríamos ir no pudimos debido a que estaba lleno. Entonces... a caminar y a buscar. Se nos acercó uno de los tantos hombres que estaban en la calle ofreciendose para ayudarnos. Seguramente nos habrá visto con cara de preocupados y un poco desorientados en la ciudad. Amablemente nos preguntó si buscábamos alojamiento y inmediatamente respondimos un rotundo sí! Por ahí pecamos de inocentes pero realmente ya queríamos instalarnos en un lugar. Habíamos entrado a varios lugares pero siempre por algo salíamos inconformes. Este hombre nos llevó primero a uno un poco caro, luego a otro de menor categoría en el cual decidimos quedarnos al menos esa noche. El hambre ya era cosa seria por lo que salimos a comer algo con la plata justa y sin ningún objeto de valor ya que a esa parte de la ciudad se la veía bastante peligrosa de noche. En apenas diez minutos nos llegaron a ofrecer tres veces cocaína y marihuana. Aunque esta última si bien sigue siendo ilegal está muy metida en toda la ciudad. Por la cara se veían muchas caras que si estaría caminando por Buenos Aires hasta cruzaría de vereda. El día siguiente por la mañana nos levantamos temprano ya que nos esperaba un día movidito. Francisco tenía un contacto de un tío viviendo temporalmente en la ciudad así que luego de pasar por la oficina de turismo y recoger un mapa de la ciudad fuimos a visitar a su tío para luego dirijirnos al Club Náutico de donde salen todos los veleros y tratar de conseguir alguno que nos lleve a Panamá pasando por las islas de San Blas. No existe forma alguna de cruzar de Colombia a Panamá que no sea por vía aerea o marítima ya que en la zona fronteriza se encuentra una región llamada Darien de selva muy peligrosa y está tomada por las guerrillas. Esta travesía en velero por el mar caribe y visitar este archipiélago fue una de las grandes motivaciones que me llevaron a la realización del viaje. El hecho de pensar en pasar dos días navegando ese mar de aguas cristalinas y tres días en esas paradisíacas islas, de las cuales algunas de ellas tienen el tamaño de un dormitorio, hacía imaginarme unas vacaciones ideales. Llegamos al náutico y empezamos a buscar esos veleros comerciales que ofrecen el servicio a turistas aventureros. Era un martes y el primer velero que salía era de un colombiano y partía el sábado. Nos venía bárbaro ya que teníamos unos días para recorrer y conocer Cartagena. Cinco minutos nos duró la alegría. El ayudante del capitán nos busca y nos dice que no sale debido a que necesita un repuesto y le va a tardar más días en llegar. Seguimos buscando y encontramos una señora que nos dice que su marido está saliendo justo en una semana. Le rogamos si podía salir antes pero la respuesta fue negativa. Esperar tantos días se complicaba ya que no disponíamos de tanto tiempo y quedaba mucho viaje por delante. Ya no quedaban más de esos veleros comerciales. Decían que no era una muy buena época para realizar esas travesías ya que hay fuertes vientos y el mar está muy movido y puede ser peligroso. Quería ser optimista y pensar en que hablando con gente del náutico íbamos a conseguir algo. Creo que luego de horas metidos ahí adentro logramos contactarnos con todas las personas e incluso nos ofrecimos en todos los veleros particulares como ayudantes, cocineros, personal de limpieza o lo que sea con tal de que nos lleven y podamos hacer esa travesía tan ansiada. Muchos no nos llevaron por que no necesitaban gente, otros por que nos nos conocían y cada uno habrá tenido sus propios motivos. Hasta llegamos a ofrecernos para ir a cualquier destino del caribe e incluso para cruzar el Océano Atlántico pero nos dijeron que no era época tampoco para eso. La bronca, la frustración y el fastidio crecía en mí. Ya más no podíamos hacer ese día. Agotamos todo lo que estaba a nuestro alcance. Por momentos sentía que todo lo que ya había hecho, vivido y conocido en el viaje no tenía sentido ni valía nada si no podía hacer ese viaje. Al día siguiente quisimos volver al náutico para ver que nos respondían unos franceses respecto de llevarnos a Panamá pasando obviamente por las islas. También queríamos ver si había llegado algún barco nuevo y hacer de nuevo lo imposible para poder conseguir algo, cualquer cosa. Queríamos navegar por mar abierto varios días. Evidentemente el destino quiso que no viajemos por que un maldito empleado (el portero) del club no nos dejó pasar debido a que no teníamos autorización para entrar. Me invadió un mar de bronca y me contuve en no decirle nada inadecuado para no generar conflicto ni violencia. El plan menos y jamás pensado aparecía como único camino para llegar a Panamá y se llamaba avión. Empezamos a averiguar y nos vimos sorprendidos por el altísimo valor de los pasajes de ida. Hay solo dos compañías que vuelan la ruta Cartagena - Ciudad de Panamá. Con malestar compramos los pasajes el viernes por la mañana para salir por la tarde. Tuve la mala idea de tratar de cambiar dolares en la calle a esos tipos que te tientan con la tasa a la que te cambian. Hice todo con demasiada precaución por que sabía que eran peligrosos. Hice revisar los billetes en la agencia de viaje y me dijeron que me los aceptaban. Pero siempre esos malandros quieren estafar al turista. Lo agarré justo cuando quiso estafarme. No pudo. Quedé un poco nervioso por la situación tensa que había vivido. Costaba mentalizarse en que no nos quedaba otra, pero por otro lado trataba de ver el lado positivo y era ique íbamos a poder estar en San Blas el tiempo que querramos y conviviendo en la misma isla en que vive una comunidad de indios denominada Kuna Yala. De casualidad conseguí el celular de un indio Kuna llamado Aaron que tiene unas cabañitas en una de las 365 islas que forman el archipiélago. Almorzamos por última vez en Cartagena y luego nos tomamos una buseta que en quince minutos nos dejó en el pequeño aeropuerto. En solo una hora y veinte minutos llegaríamos a Panamá previa escala en Barranquilla. Tuve la suerte de poder estar presente en la cabina sentado como tercer comandante durante todo el vuelo, incluyendo el despegue y el aterrizaje, pero eso será parte del próximo relato.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
Trillado pero no por eso menos cierto, ... No hay mal q por bien no venga ... Dice los q transitan por el camino espiritual: "Si sucede, conviene".
Besos
Claudia
Hola Mati!!! Un placer leer tu diario de viaje, es más o menos como viajar con vos, segui contando todas tus experiencias, te aseguro que no cansan.
Besos
Rosita
Mati: Me encanta leer tu blog y de alguna manera envidio (positivamente) tu coraje y el de tu amigo, calculo que este viaje te va a cambiar la vida.
Un beso enorme
Pone fotos!!!!!!!
Sol (desde Israel)
p.d: Si queres hacer un viaje similar por Asia sabe que aca en Judiolandia tenes donde parar.
Publicar un comentario