Me desperté a las cinco de la mañana tal como había programado mi reloj. Cinco y media estaba esperando con todo listo en la recepción del hostel. Aaron me dijo que nos pasaban a buscar en una camioneta 4x4 Lan Rover. No entendíamos por que se necesitaba una 4x4 para llegar a un pueblito y tomarse una lancha hasta la isla que nosotros íbamos. Unas dos horas después lo íbamos a saber. Subimos a la camioneta quince minutos después del horario pactado. Viajamos cerca de una hora y media para llegar a un camino de tierra. Ese era el punto de partida de la aventura. Fueron 40 km a pura adrenalina. Subidas, bajadas y curvas en pleno barro movedizo. La camioneta que estaba toda destartalada parecía un samba por como se movía. Había ciertas partes del camino que si no le ponía las cadenas a las ruedas la camioneta se quedaba. Encima me tocó viajar en la fila de asientos de atrás que se movían para todos lados. Y para colmo la camioneta tenía el tren delantero destrozado, así que la aventura fue doble. Por fin cerca de las diez y media llegamos la orilla de un río donde nos venían a buscar en bote para llevarnos a la isla. Eramos seis personas: cuatro israelíes y nosotros dos. Llegamos a la isla Cartí. Me encontré con algo distinto a lo que me había imaginado. Pensaba que iba a dormir bajo una palmera y a pocos metros del mar. Pero para mi sorpresa me llevaron a un lugar donde había civilización. Nos asignaron una cabaña para los dos. Tenía una cama y una hamaca. Sin dudas elegí dormir en la cama. En realidad esas "cabañas" son las casas de los indios kunas que algunas las alquilan para turistas. Estábamos alojados en una isla conviviendo con esa comunidad de indios. Jamás me imaginé esa situación. Estaba muy contento, con curiosidad y con ganas de más acerca de ellos. Previo al almuerzo Aaron nos dió unas palabras de bienvenida y nos hizo algunas aclaraciones, como la que no se les puede sacar fotos a las mujeres sin su previa autorización. Incluso te pueden llegar a cobrar un dolar. Estaba seguro que iba a poder sacar muchas sin pagar un solo centavo.
Nunca en mi vida comí en tantas comidas seguidas arroz, ensalada y pollo o pescado. Esa es la base de la alimentación kuna y por lo tanto en esos cuatro días que pasamos con ellos comimos eso. No me quejaba, ya me había acostumbrado, me gustaba y hasta repetía dos o tres veces por comida. Luego de ese primer almuerzo hicimos la primera excursión. Fue a la isla Aguja. Donde vivíamos nosotros no había playa, era como "la ciudad" a pesar de que no había luz eléctrica, ni nada como en las ciudades que estamos acostumbrados a ver. Cartí, esa isla "ciudad o pueblo" no medía más de unos 200m x 200m. Yo ya estaba demasiado ansioso por ver esas islas, esas playas y ese mar paradisíaco que tan famosas hacían a San Blas. Se dice que para creer algo hay que verlo. Yo lo ví y doy fé que existe el paraíso. Este primer paraíso se llama Aguja. Ya desde el bote y desde lejos se podía ver un conjunto de palmeras, algo blanco que era la arena y un cambio brusco en el color del mar. A medida que me acercaba más a la isla no podía creer lo que estaba viendo. La típica foto o postal que uno imagina o sueña con conocer la tenía frente a mis ojos. La arena no parecía arena, sino harina por lo blanco y lo fina. El agua era de un color turquesa pero muy muy clarito y transparente. Bajé del cayuco (es el bote en el que nos llevaban a las excursiones), dejé mi mochila, agarré un visor con snorkel y me fui al mar. Era hermoso ver la cantidad de peces que había, la variedad y el color que tenían. En esa playa conocimos a unos chilenos de la cole muy macanudos. Ellos quisieron quedarse a dormir en esa isla dentro de una chozita (había solo dos en toda la isla) en hamacas. La otra choza era del cacique de la isla. Nadie más que él y su familia habitaban esa isla. Luego de pasar en la isla Aguja toda la tarde regresamos a Cartí, nuestra isla. Mientras se hacía la hora de cenar me ocupé de averiguar para salir a pescar. Que había pesca en el mar era obvio y también suponía que los kunas debían saber pescar. La gran mayoría de estos indios hablan muy poco español, por lo que se me hacía un poco difícil comunicarme con ellos. Había entendido perfectamente bien que había tiburones, barracudas, atunes y hasta algunos salmones. Eso quería yo! Esa pesca es la que siempre quise hacer. Esta era mi oportunidad. Estaba dispuesto a pagar lo que sea con tal de hacer eso. Decidí hablar con Aaron que hablaba perfectamente español. Aaron me arruinó el sueño. Me dijo que eso se pesca con equipos, con carnada y saliendo a mar abierto. Además no se consiguien equipos de pesca porque los indios no pescan así. Igualmente arreglé para salir a pescar para el día siguiente por la mañana luego de que dejaran al grupo en alguna isla. Igual estaba ansioso y quería pescar como sea y lo que sea. Después de tomar el desayuno salímos para la isla Dragón. Era similar a Aguja. Hermosa. Dejamos al grupo y con el motorista y uno más que por suerte hablaba español salímos a pescar por los alrededores. Después de cerca de dos horas volvimos a la isla para comer con un par de capturas hechas. Durante el resto de la tarde hicimos snorkel, tomamos sol y nadamos. En el transcurso del viaje de vuelta tiré la línea y pude pescar otro pez llamado bonito. Lamentablemente resultó ser pequeño como los otros. Ya de vuelta en nuestra isla y en los momentos libres aprovechaba y charlaba tanto con otros viajeros como con la gente local. Para ese entonces ya me había encariñado con varios de los chicos del pueblo. Intercambiabamos algunas pocas palabras en español y de mientras esos pequeños me enseñaban palabras en idioma kuna. También les encantaba que les juegue y los haga dar vueltas por el aire. En un momento se me juntaron como seis o siete y todos me pedían a los gritos que los haga volar. La verdad que pasé un momento bárbaro con ellos y muy dificilmente me olvide de todos ellos. Esa noche luego de la cena vimos unos bailes tradicionales de un grupo de adolescentes kunas. Es interesante lo que nos contaban de mientras acerca del significado de esas danzas típicas. Ellos le rinden mucho homenaje al sexo y es por eso que en sus danzas los chicos llevan algo similar a un palo simbolizando el pene y las chicas unas maracas simbolizando los ovarios. También me había encariñado con las kunas que cocinaban. Con ellas pasé gratos y graciosos momentos. Seguro que era al que más veían debido a que entraba a la cocina varias veces durante las comidas. Cada vez que les pedía algo es español o con señas me lo enseñaban en kuna. Como nos hemos reído con esas señoras que como todas kunas vestían unas ropas llamadas molas que eran tejidas por ellas mismas. El idioma de ellos es muy dificil, pero ciertas frases me las sabía de memoria, come ser: Anmas gumbie (tengo hambre) y Orospi (solo arroz). Conmigo eran bien idishe mame. Apenas me veían entrar a la cocina gritaban: mateeeo (y a las que le resultaba mas facil matias) y me preguntaban que quería comer.
En nuestro tercer día fuimos a la isla Pelícano. De más está decir que es tan bella como todas las que hemos conocido anteriormente. Allí estuvimos con los chilenos y la pasamos muy bien. También conocimos otra gente que estaban alojados en otras islas. Ya de vuelta pasamos por una isla muy particular solo para que la fotografiemos. Tenía el tamaño de un dormitorio, solo una palmera en su centro y estaba rodeada de un agua celeste muy clarita y super transparente. Increíble! Ya de vuelta en Cartí me entero la cena que estaban preparando. Langostas y centollas. Probé pero no me gustó y terminé yendo a la cocina a que me prepararan un pollito frito con arroz. El último día en San Blas iba a ser distinto a todos los demás. Hicimos una excursión por la selva a visitar a los únicos dos asentamientos kunas en el continente. Estos son cazadores. Para llegar a estos lugares hubo que navegar un río para luego caminar durante casi dos horas por la selva. En una de las comunidades nos esperaba el almuerzo. Para mi sorpresa había iguana con plátanos fritos y ensalada. Apenas me dijeron que había iguana me acordé de vos abuelo Chano. Tenía ganas de llevarte un poco en una bolsita. La impresión me pudo y nisiquiera pude probarla. Me la presentaron en la mesa con un aspecto un poco feo. Tenía la piel y la cabeza aparecía intacta en una de las bandejas. Eso fue determinante para mí.
Así pasó el cuarto y último día en este increíble archipiélago. Por falta de tiempo no me pude más. Me faltaron conocer muchas islas y lugares. Son 365 islas de las cuales solo cuarenta y pico están habitadas. El resto son todos paraísos. Me llevo un recuerdo inolvidable tanto de su gente (Arquímides, su esposa que estaba en la cocina, Aaron, Fernando, Luismi, Peter, todo el personal de cocina, todos esos chiquitos muy simpáticos, y todo el resto de los kunas que con una sonrisa y un simple "hola" me generaban otra sonrisa) como de sus lugares y playas. Prometí que volveré y lo haré con la mujer que se adueñe de mi corazón.
Nunca en mi vida comí en tantas comidas seguidas arroz, ensalada y pollo o pescado. Esa es la base de la alimentación kuna y por lo tanto en esos cuatro días que pasamos con ellos comimos eso. No me quejaba, ya me había acostumbrado, me gustaba y hasta repetía dos o tres veces por comida. Luego de ese primer almuerzo hicimos la primera excursión. Fue a la isla Aguja. Donde vivíamos nosotros no había playa, era como "la ciudad" a pesar de que no había luz eléctrica, ni nada como en las ciudades que estamos acostumbrados a ver. Cartí, esa isla "ciudad o pueblo" no medía más de unos 200m x 200m. Yo ya estaba demasiado ansioso por ver esas islas, esas playas y ese mar paradisíaco que tan famosas hacían a San Blas. Se dice que para creer algo hay que verlo. Yo lo ví y doy fé que existe el paraíso. Este primer paraíso se llama Aguja. Ya desde el bote y desde lejos se podía ver un conjunto de palmeras, algo blanco que era la arena y un cambio brusco en el color del mar. A medida que me acercaba más a la isla no podía creer lo que estaba viendo. La típica foto o postal que uno imagina o sueña con conocer la tenía frente a mis ojos. La arena no parecía arena, sino harina por lo blanco y lo fina. El agua era de un color turquesa pero muy muy clarito y transparente. Bajé del cayuco (es el bote en el que nos llevaban a las excursiones), dejé mi mochila, agarré un visor con snorkel y me fui al mar. Era hermoso ver la cantidad de peces que había, la variedad y el color que tenían. En esa playa conocimos a unos chilenos de la cole muy macanudos. Ellos quisieron quedarse a dormir en esa isla dentro de una chozita (había solo dos en toda la isla) en hamacas. La otra choza era del cacique de la isla. Nadie más que él y su familia habitaban esa isla. Luego de pasar en la isla Aguja toda la tarde regresamos a Cartí, nuestra isla. Mientras se hacía la hora de cenar me ocupé de averiguar para salir a pescar. Que había pesca en el mar era obvio y también suponía que los kunas debían saber pescar. La gran mayoría de estos indios hablan muy poco español, por lo que se me hacía un poco difícil comunicarme con ellos. Había entendido perfectamente bien que había tiburones, barracudas, atunes y hasta algunos salmones. Eso quería yo! Esa pesca es la que siempre quise hacer. Esta era mi oportunidad. Estaba dispuesto a pagar lo que sea con tal de hacer eso. Decidí hablar con Aaron que hablaba perfectamente español. Aaron me arruinó el sueño. Me dijo que eso se pesca con equipos, con carnada y saliendo a mar abierto. Además no se consiguien equipos de pesca porque los indios no pescan así. Igualmente arreglé para salir a pescar para el día siguiente por la mañana luego de que dejaran al grupo en alguna isla. Igual estaba ansioso y quería pescar como sea y lo que sea. Después de tomar el desayuno salímos para la isla Dragón. Era similar a Aguja. Hermosa. Dejamos al grupo y con el motorista y uno más que por suerte hablaba español salímos a pescar por los alrededores. Después de cerca de dos horas volvimos a la isla para comer con un par de capturas hechas. Durante el resto de la tarde hicimos snorkel, tomamos sol y nadamos. En el transcurso del viaje de vuelta tiré la línea y pude pescar otro pez llamado bonito. Lamentablemente resultó ser pequeño como los otros. Ya de vuelta en nuestra isla y en los momentos libres aprovechaba y charlaba tanto con otros viajeros como con la gente local. Para ese entonces ya me había encariñado con varios de los chicos del pueblo. Intercambiabamos algunas pocas palabras en español y de mientras esos pequeños me enseñaban palabras en idioma kuna. También les encantaba que les juegue y los haga dar vueltas por el aire. En un momento se me juntaron como seis o siete y todos me pedían a los gritos que los haga volar. La verdad que pasé un momento bárbaro con ellos y muy dificilmente me olvide de todos ellos. Esa noche luego de la cena vimos unos bailes tradicionales de un grupo de adolescentes kunas. Es interesante lo que nos contaban de mientras acerca del significado de esas danzas típicas. Ellos le rinden mucho homenaje al sexo y es por eso que en sus danzas los chicos llevan algo similar a un palo simbolizando el pene y las chicas unas maracas simbolizando los ovarios. También me había encariñado con las kunas que cocinaban. Con ellas pasé gratos y graciosos momentos. Seguro que era al que más veían debido a que entraba a la cocina varias veces durante las comidas. Cada vez que les pedía algo es español o con señas me lo enseñaban en kuna. Como nos hemos reído con esas señoras que como todas kunas vestían unas ropas llamadas molas que eran tejidas por ellas mismas. El idioma de ellos es muy dificil, pero ciertas frases me las sabía de memoria, come ser: Anmas gumbie (tengo hambre) y Orospi (solo arroz). Conmigo eran bien idishe mame. Apenas me veían entrar a la cocina gritaban: mateeeo (y a las que le resultaba mas facil matias) y me preguntaban que quería comer.
En nuestro tercer día fuimos a la isla Pelícano. De más está decir que es tan bella como todas las que hemos conocido anteriormente. Allí estuvimos con los chilenos y la pasamos muy bien. También conocimos otra gente que estaban alojados en otras islas. Ya de vuelta pasamos por una isla muy particular solo para que la fotografiemos. Tenía el tamaño de un dormitorio, solo una palmera en su centro y estaba rodeada de un agua celeste muy clarita y super transparente. Increíble! Ya de vuelta en Cartí me entero la cena que estaban preparando. Langostas y centollas. Probé pero no me gustó y terminé yendo a la cocina a que me prepararan un pollito frito con arroz. El último día en San Blas iba a ser distinto a todos los demás. Hicimos una excursión por la selva a visitar a los únicos dos asentamientos kunas en el continente. Estos son cazadores. Para llegar a estos lugares hubo que navegar un río para luego caminar durante casi dos horas por la selva. En una de las comunidades nos esperaba el almuerzo. Para mi sorpresa había iguana con plátanos fritos y ensalada. Apenas me dijeron que había iguana me acordé de vos abuelo Chano. Tenía ganas de llevarte un poco en una bolsita. La impresión me pudo y nisiquiera pude probarla. Me la presentaron en la mesa con un aspecto un poco feo. Tenía la piel y la cabeza aparecía intacta en una de las bandejas. Eso fue determinante para mí.
Así pasó el cuarto y último día en este increíble archipiélago. Por falta de tiempo no me pude más. Me faltaron conocer muchas islas y lugares. Son 365 islas de las cuales solo cuarenta y pico están habitadas. El resto son todos paraísos. Me llevo un recuerdo inolvidable tanto de su gente (Arquímides, su esposa que estaba en la cocina, Aaron, Fernando, Luismi, Peter, todo el personal de cocina, todos esos chiquitos muy simpáticos, y todo el resto de los kunas que con una sonrisa y un simple "hola" me generaban otra sonrisa) como de sus lugares y playas. Prometí que volveré y lo haré con la mujer que se adueñe de mi corazón.
3 comentarios:
ya te lo dije por msn
el viaje lo vas a volver a hacer, pero con tu hnitaa!!!
jajaj
me pone muy feliz que la estes pasando tan bien, que conozcas cosas nuevas, gente nueva, y lugares tan lindos...
aca todos te extrañamos y queremos mucho mucho!
un beso grandeee matiiii
¡¡¡¡ IMPRESIONANTE !!!!
Me dejaste sin palabras y con una gran emociòn. No se por que, pero tengo ganas de llorar ... y de abrazarte muy fuerte.
Te quiero
Tia Claudia
La verdad estoy tan emocionada...
Matias querido leer tus relatos son un deleite y van labrando un camino que refleja esa persona maravillosa, sensible y humana que sos.
TE QUIERO TANTO!!!
Ojala puedas realizar tu sueño de volver a la isla con la afortunada que se adueñe de tu corazon.
TE AMO
MAMA
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