domingo, 10 de febrero de 2008
SANTA MARTA Y TAYRONA
Dieciocho horas después de haber partido de Bogotá llegamos a Santa Marta, una de las ciudades del caribe colombiano. Arribamos por la mañana e inmediatamente averiguamos como ir al Parque Nacional Tayrona distante unos 35 km de la terminal. Desayunamos algo y luego de hacer las correspondientes averiguaciones nos tomamos un taxi hasta una rotonda por donde pasan busetas que te llevan directo a la entrada del parque. Todavía no se como hizo esa busetita toda destartalada para llegar. La entrada a este enorme parque que tiene miles de hectareas terrestres y acuáticas costó más de lo pensado, y justo en ese momento escaseaban los pesos colombianos. Desde la entrada había que transitar casi 4 km hasta la zona donde empieza el sendero por el medio de la selva que te lleva a las distintas playas. Había dos opciones: caminarlos con las mochilas al hombro (llevaba más de 16 km) o pagar USD 1 y te llevaban en camioneta. Nos hicimos los valientes y empezamos a caminar, pero al rato empezamos a hacer dedo. Y como en todo Colombia, siempre se encuentra gente solidaria. Nos levantó un pelado en una linda 4x4 y nos llevó muy amablemente el resto del trayecto. En la siguiente etapa ya no íbamos a zafar. Había que caminar dentro de la selva 3,8 km hasta la primer playa llamada Arrecifes. El terreno no ayudaba demasiado. Subidas y bajadas sumaban al cansancio general que veníamos arrastrando. Todo el trayecto fue bastante duro y sirvió como previa para todo lo que se venía. De mientras uno podía escuchar todo tipo de ruidos provenientes de animales. Lo bueno fue que caminabamos todo bajo la sombra de los árboles. Igualmente hacía mucho calor y había bastante humedad. Arrecifes fue nuestro primer contacto con el Mar Caribe. Nos encontramos con una típica playa caribeña. Linda arena (aunque no era blanca blanca), muchas palmeras, algunas rocas, agua clarita, y bastantes olas por lo que en esa playa no está permitido el baño. Ahí se podía leer un simpaticón cartel que decía: "Aquí ya murieron más de 200 personas. No sea el próximo." Descansamos un rato y de mientras nos deleitabamos observando ese paisaje de mar, playa, montaña y selva. Seguimos viaje por la selva rumbo a la tercer y última playa. El camino estaba muy poco señalizado y por momentos uno no sabía por donde ir. Me pareció muy pobre el mantenimiento y la infraestructura destinada al turista dentro del parque. Estoy seguro que si a ese parque se lo dan en conseción a algun grupo particular o empresa, todo sería muy distinto. Es realmente una pena porque es un parque maravilloso que con un poco más de dedicación y ganas podría ser otra cosa totalmente distinta. Llegamos por fin a la tercer playa y allí alquilamos una hamaca para pasar la noche. Como era de esperar, resultó bastante caro. Era la hora del almuerzo y queríamos comer bien. Había un único restaurant en el que comimos un lindo plato de spaghettis (era lo más económico y para mí lo más rico, obvio). Sin hacer la digestión y perder un segundo nos fuimos a la playa, es decir caminamos no más de veinte metros. Esa playa es hermosa por donde la mires. Tiene un fondo selvático y montañoso lleno de verde que no deja de sorprender tanto a los mismos colombianos como a extranjeros. Caminamos solo cinco minutos para llegar a una playa nudista que estaba totalmente vacía. Parecía virgen. Allí nos instalamos, con toda la playa para nosotros. No pasó mucho tiempo para que empiece a llegar gente. Para nuestra sorpresa nadie la tomó como nudista, había solo un valiente que tuvo el coraje de ponerse como dios lo trajo al mundo a tomar sol, claro que boca abajo. Tuve la noche más tranquila. Dormir al aire libre bajo un cielo todo estrellado en el que las estrellas iluminan el camino y de fondo el sonido de las rompientes de las olas no es algo de todos los días. Al día siguiente por la mañana empezamos a recorrer el camino de vuelta. Me hubiera gustado quedarme una noche más, pero el presupuesto y la falta de tiempo me obligaba a tomar esa decisión. Siempre se dice que las vueltas se hacen mas cortas, y así fue. Llegamos menos cansados que a la ida, capaz fue por el hecho de que nos ligamos un desayuno cuando más lo necesitábamos. Hicimos amistad con otro colombiano y muy amablemente nos invitó con una arepa rellena con huevo y, luego para completar el combo la señora que las hacía nos regaló el cafe. Creo que a veces debemos dar lastima, pero estoy llegando a la conclusión que también los colombianos son muy buena gente. A cambio, y por iniciativa propia nos comprometimos a otro asado. Ya de vuelta en Santa Marta tomamos un micro a la histórica Cartagena de Indias.


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1 comentario:
Que bueno tener tu 25 años y tu estado fisico para poder hacer ese camino a pie por la selva y como recompensa tener una noche de descando bajo las estrellas. Me hiciste acordar a 1 experiencia mia, a los 17 años en un viaje a Israel, cuando todavia las playas del sur de Eilat eran Israelies y pase 2 noches en "Nueva", una playa espoectacular, durmiendo en chozas en la arena, en la playa misma, a 50 mt. del mar. Increible !!!
A seguir disfrutando Mati !!!!
Besos
CLAUDIA
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