Llego a Quito por la mañana temprano luego de un cansador viaje de ocho horas en el cual dormí muy poco. Luego de tomarme el "trolebus" (Sí, Sí, leyeron bien: t-r-o-l-e-b-u-s) que me dejó en la parte histórica de la ciudad me puse a buscar alojamiento. Me metí en una cueva y un tipo al que se le entendía poco me quería cobrar USD 4 por día (pensé que al ser tan feo y no haber nadie era por eso que te cobraban tan poco). Me estaba yendo porque quería encontrar uno que había visto en internet a USD 6 que parecía copado, cuando el tipo me llama y me dice que espere un momentito. Llama a otro hotel y me dice que ahí hay extranjeros y que tiene lugar y me sale USD 2,5 por día. Como estaba en pelotas y no perdía nada, fui a ver que tal estaba. Al rato me dí cuenta que había sido una excelente decisión. Estaba ubicada en una de las esquinas de la Plaza San Francisco (lugar muy centrico y lindo) y el flaco encargado o dueño re buena onda. Había muchos extranjeros y en especial japoneses. Todavía me pregunto el por qué. Enseguida me asigna una habitación individual con cama matrimonial y vista a la plaza. Mejor no podía ser! Me preparo rápido y me voy rumbo a la ciudad de la Mitad del Mundo. Después del metrobus y un colectivo (me llevó casi 2 horas porque había mucho tráfico) llego a la famosa mitad del mundo. Esa línea roja que divide al hemisferio sur del hemisferio norte por fin la tenía frente a mis ojos. También ese famosísimo Monumento Ecuatorial de forma piramidal-cuadrangular con sus cuatro monolitos en los ángulos que tiene orientación geográfica de los cuatro puntos cardinales y justamente está localizado en la Línea Ecuatorial de latitud 0º 0' 0''.
O sea, por ese único punto pasa el paralelo con circunsferencia más grande de la tierra. También dentro del complejo hay un par de museos pero no entré a ninguno ya que no me interesaban. Saqué las fotos obligatorias como la de un pie en el hemisferio norte y otro en el sur y un par más como sosteniendo el mundo con mis manos. Caminé un poco más mientras miraba por última vez el monumento y me retiré para volver al hotel. Estaba muy cansado. Lo único que rogaba era poder sentarme en la vuelta. Un par de horas más tarde, luego de un recomponedor descanso ya que la altura de Quito (2800 msnm) me voltió un poco salí a caminar por la ciudad histórica. Me hizo acordar mucho a Potosí y a Cuzco. Parece como si la ciudad estuviera enclavada en el fondo de una cacerola. Está rodeada de sierras lo cual hace un paisaje aún mas maravilloso de todo lo antiguo. Como toda ciudad influenciada en forma directa por los españoles tiene muchas iglesias, conventos y monasterios. Tiene un par de plazas demasiado bellas donde realmente dá gusto sentarse en uno de sus bancos a leer, a tomar aire, a ver pasar gente, o a simplemente no hacer nada y dejar que el tiempo fluya como aire.
Siendo este mi último día en Quito no voy a perder más tiempo y me voy a todo eso a la Plaza Grande, la más linda por lejos.